Evaluar

A la hora de valorar una experiencia de comunicación tan especial, que mezcla las motivaciones personales con objetivos activistas, y que adquiere unas dimensiones a la vez tan localizadas y a la vez tan idealistas, quizá debamos abandonar cualquier intención de utilizar los mismos parámetros que usan los medios de comunicación tradicionales y los gabinetes de las ONG. Parámetros, por otra parte, a menudo tan inútiles y parte de un sistema hostil y problemático.

Podemos empezar por evaluar cómo nos ha servido esta experiencia personalmente en nuestra actividad:

  • ¿Me ha ayudado a aclarar mis objetivos y mi papel de voluntaria?
  • ¿Ha logrado aportarme un punto más de motivación?
  • ¿He entendido mejor algunos problemas?
  • Esta disciplina de contar lo que ocurría, ¿me ha hecho pensar más en lo que hacía?
  • ¿Me ha cambiado alguna idea después de toda este diálogo?
  • Esta memoria de lo realizado, ¿me gusta?

Podemos también preguntarnos cómo nos sirve que haya alguien “al otro lado”:

  • ¿Me he sentido más acompañada?
  • ¿Los comentarios me han señalado errores o han celebrado alguna idea?
  • Quienes comentaban, ¿han aportado recursos útiles para la actividad?
  • Sus apuntes, ¿han servido quizá para publicar un nuevo artículo?

Y, al revés, valorar cómo ha podido servir todo esto a las personas con las que dialogábamos en internet:

  • ¿Han vivido una historia diferente?
  • ¿Se han emocionado o indignado?
  • ¿Han difundido el blog? ¿Hablan de estas historias?
  • ¿Han cambiado alguna idea sobre estas personas?
  • ¿Les he aportado recursos para cambiar ciertas cosas de la realidad?
  • ¿Se habrán animado a hacer voluntariado o a acercarse a alguna organización?
  • ¿Han participado en alguna actividad ciudadana movidas por estas historias? ¿Se lo han pensado al menos?

Quizá se pueda publicar un artículo con un formulario para que las personas lo resuelvan. Pero quizá ni haga falta. Con el tiempo, descubres que muchas personas te lo cuentan de manera natural. Siguen el blog y te dejan comentarios o, también, te lo transmiten de viva voz. Las historias les mueven. Por eso, las transmiten. Les hacen pensar. Actuar de forma diferente.

No hace falta exigirse una audiencia ingente ni tampoco producir grandes y ambiciosos impactos en la sociedad. El proceso no tiene por qué ser llamativo, tan deslumbrante como fugaz, sino lento pero efectivo. La comunicación real nunca será la que hagan unos pocos hacia el resto. Será la que construyamos todas y todos, a base de aprendizaje y diálogo.

 

Abre tu mente. Sé amable. Ayuda al resto. Y ¡sobre todo! evita salirte del tema (blogs sobre voluntariado):

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